José María Vargas Vila

Retrato clásico de José María Vargas Vila, escritor colombiano
Retrato clásico de José María Vargas Vila, escritor colombiano

José María Vargas Vila alternó su juventud entre la enseñanza y la participación como soldado en guerras civiles dirigidas por Santos Acosta y Daniel Hernández. Publicó su primer cuento en 1884 y, tras la derrota de las tropas liberales radicales en 1885, se exilió en Venezuela y luego en Nueva York. Inició su carrera literaria con la novela 'Aura o las violetas' y fundó varias revistas como Eco Andino y Los Refractarios. Fue nombrado embajador de Ecuador ante el Vaticano en 1898, cargo que aceptó pese a su profunda hostilidad hacia la Iglesia. Durante su estancia en Roma se negó a arrodillarse ante el Papa y publicó la polémica novela 'Ibis'. Tras finalizar su periodo diplomático, vivió en París, Madrid y finalmente Barcelona, realizando pocos viajes a América del Sur por sentirse distanciado de sus países de origen. Su última visita al continente fue en 1923, plasmada en su diario de viaje 'Odisea romántica'.

Trayectoria temprana y exilio de José María Vargas Vila

Durante su juventud, José María Vargas Vila alternó entre su trabajo como maestro y soldado en diferentes lugares, incluyendo Bogotá. Participó en guerras civiles bajo el mando de Santos Acosta y Daniel Hernández. En 1884, publicó su primera obra literaria, un cuento titulado "Recuerdos de mi primera comunión", en una revista. En 1885, las tropas liberales radicales que él apoyaba fueron derrotadas. Para evitar el arresto y la ejecución, cruzó la frontera hacia Venezuela y se estableció en Rubio en 1886. En Venezuela, inició su carrera literaria con la publicación de "Aura o las violetas" en 1887. Además, fundó o cofundó varias revistas, entre ellas Eco Andino y Los Refractarios. Sin embargo, en 1894 fue expulsado de Venezuela y se trasladó a Nueva York.

Etapa diplomática y conflicto con la Iglesia en Roma

En 1898, el presidente de Ecuador nombró a José María Vargas Vila como embajador ante la Santa Sede, lo que lo llevó a trasladarse a Roma. A pesar de aceptar esta posición diplomática, Vargas Vila mantuvo una profunda hostilidad hacia la Iglesia romana, la cual era recíprocamente correspondida por las autoridades vaticanas debido a sus publicaciones ofensivas y críticas contra la jerarquía de la Iglesia. Durante su mandato, se negó a arrodillarse ante el Papa, declarando su negativa a inclinarse ante cualquier mortal. En 1900, desde Roma publicó la polémica novela corta Ibis y ese mismo año visitó la Exposición Universal en París, donde conoció al poeta nicaragüense Rubén Darío. Su gestión como embajador terminó antes de 1904, marcando un periodo caracterizado por la tensión entre su labor diplomática y sus convicciones personales profundamente críticas hacia la institución eclesiástica.

Últimos años y legado póstumo de José María Vargas Vila

José María Vargas Vila vivió en varias ciudades europeas durante sus últimos años, residiendo inicialmente en París, luego en Madrid, y regresando posteriormente a París hasta establecerse definitivamente en Barcelona, España. Debido a sentirse envejecido, distanciado y poco apreciado por los gobiernos y círculos intelectuales de Sudamérica, evitó regresar con frecuencia a su continente natal. Su último viaje a Sudamérica fue en 1923, ocasión en la que escribió el diario de viaje titulado Odisea romántica. Diario de viaje a la República Argentina. Además, tuvo un período de residencia en Cuba junto a su hijo adoptivo. Ya de regreso en España, reanudó sus actividades literarias, aunque la mala salud ya no le permitió realizar viajes frecuentes. Durante varios años previo a su muerte, que ocurrió en 1933 en Barcelona, asumió conscientemente la cercanía de su fallecimiento y expresó el deseo de ser enterrado en España. Sin embargo, en 1981 sus restos fueron trasladados a Colombia y sepultados en el Cementerio Central de Bogotá, contraviniendo sus últimas voluntades. Luego de un período de olvido, Vargas Vila fue objeto de una rehabilitación política y cultural que permitió celebrar su legado, aunque esta etapa de reconocimiento fue nuevamente seguida por una nueva fase de olvido.

El Ambiente y las Convicciones de José María Vargas Vila en su Bogotá Natal

José María Vargas Vila creció en una Bogotá del siglo XIX muy distinta a la metrópoli moderna que conocemos hoy. La ciudad estaba compuesta por barrios modestos y desordenados, con casas agrupadas alrededor de treinta campanarios de iglesias coloniales. Las calles estaban habitadas principalmente por campesinos pobres y mujeres viudas a causa de las guerras civiles. Este ambiente de pobreza generalizada y marginación social marcó profundamente su percepción del mundo.

En este contexto, Vargas Vila desarrolló un profundo odio hacia los abusos cotidianos y la indiferencia de los conservadores adinerados, que permanecían al margen del sufrimiento de las clases populares. También manifestó una fuerte aversión hacia un clero que, a su juicio, utilizaba la fe para sus propios fines, mostrando escaso interés genuino por la espiritualidad. A pesar de vivir en un entorno donde pertenecer a la Iglesia garantizaba cierto bienestar, su crítica hacia esta institución fue clara y constante.

Además, concebía a los Estados Unidos como responsables de la invasión y desestabilización política, económica y militar de las naciones hispanohablantes en América. En paralelo a esta postura combativa, Vargas Vila era un hombre tímido, taciturno y solitario, a pesar de la pasión evidente en su obra literaria. Sin embargo, es complicado establecer en qué medida esta timidez respondía a motivos vocacionales, al aislamiento cultural en Sudamérica o a percepciones negativas generadas por sus críticos.