José María Barreiro Manjón nació el 20 de agosto de 1793 en Cádiz, España, en el seno de una familia vinculada al ejército. Su padre fue el coronel de artillería José Barreiro y su madre, Antonia Manjón Micón. Ingresó como cadete en la Real Escuela de Artillería de Segovia el 7 de enero de 1806, con 12 años, y se graduó el 2 de noviembre de 1808 con el grado de segundo teniente.
Durante la Guerra de la Independencia Española, defendió Madrid tras la batalla de Somosierra en diciembre de 1808, donde resultó herido y fue capturado. Tras escapar de su cautiverio al cabo de tres meses, la Junta Suprema lo reintegró como teniente menor. El 24 de mayo de 1809 fue destinado al 2.º Ejército del Centro. Combatió en Cataluña, donde fue ascendido a teniente el 26 de agosto de 1811. También participó en el sitio de Valencia contra las tropas del mariscal Suchet y, tras la rendición de la ciudad el 9 de enero de 1812, se retiró a Alicante. Murió el 11 de octubre de 1819 en Santa Fe, Nueva Granada.
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Actividad militar
José María Barreiro Manjón fue un oficial español que participó en la Guerra de la Independencia española y en la Guerra de Independencia de Venezuela. Nació el 20 de agosto de 1793 en Cádiz, España, y murió el 11 de octubre de 1819 en Santa Fe, en la Nueva Granada. Su trayectoria militar estuvo vinculada a estos dos conflictos, en los que desempeñó su carrera como oficial.
Comienzos de su carrera
José María Barreiro Manjón nació el 20 de agosto de 1793 en la ciudad portuaria de Cádiz, España. Era hijo del coronel de artillería José Barreiro y de Antonia Manjón Micón. Ingresó como cadete en la Real Academia de Artillería de Segovia el 7 de enero de 1806, cuando tenía 12 años. Tras su formación, se graduó el 2 de noviembre de 1808 con el grado de subteniente.
Servicio en la guerra de la Independencia
Durante la guerra de la Independencia, José María Barreiro Manjón participó en la defensa de Madrid frente a las tropas napoleónicas tras la batalla de Somosierra, en diciembre de 1808. En ese combate resultó herido y fue capturado, aunque logró escapar del cautiverio tres meses después. La Junta Suprema lo reintegró entonces con el empleo de teniente menor y, el 24 de mayo de 1809, fue destinado al 2.º Ejército del Derecho.
Posteriormente combatió en Cataluña, donde fue ascendido a teniente el 26 de agosto de 1811. También tomó parte en el sitio de Valencia contra las tropas del mariscal Suchet y, tras la capitulación de la ciudad el 9 de enero de 1812, se retiró a Alicante. Más adelante recibió el ascenso a capitán, el 13 de diciembre de 1812, y fue enviado al ejército de reserva de Andalucía. Entre sus actuaciones militares figura asimismo su participación en el sitio de Pamplona.
Campañas en Nueva Granada y Venezuela
En diciembre de 1814, José María Barreiro Manjón fue destinado al ejército expedicionario de Costa Firme, de 10 000 hombres, mandado por el mariscal de campo Pablo Morillo. Esta fuerza había sido creada para reconquistar el Virreinato de Nueva Granada y la Capitanía General de Venezuela tras los levantamientos de 1810. La expedición zarpó de Cádiz en febrero de 1815 y llegó a la costa venezolana a comienzos de abril. Desde Venezuela, Morillo dirigió las operaciones hacia Nueva Granada y dio inicio a la campaña de reconquista en 1815.
Durante el sitio de Cartagena, iniciado en agosto de 1815 y prolongado durante 105 días, Barreiro participó en los asaltos contra las posiciones patriotas. La plaza se rindió a los españoles en diciembre de 1815, y el 15 de diciembre Barreiro fue ascendido a coronel por sus acciones en ese sitio. Tras la toma de Santa Fe en mayo de 1816, regresó con el ejército principal a Venezuela, donde la fuerza española volvió para hacer frente a una nueva insurrección encabezada por Simón Bolívar.
En enero de 1818, Morillo lo nombró comandante de la 3.ª división. En marzo de ese año, la división expedicionaria de Costa Firme carecía de jefe en Santa Fe, mientras el coronel Varleta estaba enfermo y el coronel Sebastián de la Calzada mandaba la 5.ª división en los llanos del Apure. Barreiro viajó desde Venezuela a Santa Fe con refuerzos de tropas venezolanas locales, consideradas por la jefatura española tan valiosas como las europeas traídas por Morillo. Llegó a Santa Fe el 4 de agosto de 1818 al frente de una 3.ª división compuesta por unos 3000 soldados, con cuatro batallones de infantería y 600 jinetes.
A comienzos de 1819, Morillo estaba preocupado por las noticias sobre el general neogranadino Francisco de Paula Santander. Simón Bolívar envió a Santander a organizar un ejército en la región de los llanos orientales de Casanare. Morillo ordenó a Barreiro invadir esa provincia antes de la temporada de lluvias para desalojar a los rebeldes. Barreiro reunió 1800 hombres y cruzó la Cordillera Oriental en marzo de 1819, pero su campaña fracasó por la escasez de suministros, el clima adverso y la estrategia de Santander. A mediados de abril se retiró al centro de Nueva Granada y quedó acantonado en Tunja para esperar el fin de las lluvias. Después de su regreso, los españoles creyeron que ninguna fuerza podría hacer campaña durante la estación lluviosa.
Vigilancia de las rutas hacia la Nueva Granada central
El 25 de julio, José María Barreiro Manjón fue informado de la unión de Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander y de sus intenciones de entrar en la Nueva Granada central. Ese mismo día comunicó la situación al virrey. A partir de entonces examinó varias rutas posibles para el paso de Bolívar por las montañas: La Salina, Paya (Pisba), Pueblo Viejo, Medina, Miraflores, el valle de Tenza y Cáqueza. Descartó La Salina, Paya (Pisba), Pueblo Viejo y Medina por su complejidad y por el costo humano que implicaban en invierno, y excluyó Cáqueza por quedar demasiado al sur. Finalmente supuso que Bolívar elegiría la ruta del valle de Tenza y envió varios destacamentos para guardar el paso.
Despliegue en Paya y retirada a Labranza Grande
Barreiro dejó únicamente una pequeña guarnición de dos compañías al otro lado de los Andes. Unos 300 soldados, al mando del sargento mayor Juan Figueroa y Ladron, quedaron apostados en la localidad de Paya. El 27 de julio, este destacamento se enfrentó con la vanguardia del ejército patriota dirigido por Santander y se produjo un tiroteo. Después del combate, las tropas españolas se retiraron a Labranza Grande, donde se encontraba el principal paso de montaña. Inmediatamente, Figueroa redactó un informe para Barreiro en el que le comunicó la situación tras el encuentro.
Decisiones militares en julio
José María Barreiro Manjón dudó en cruzar la cordillera y atacar a Simón Bolívar, porque temía abrir otro frente de paso de casi 250 kilómetros y no veía posibilidad de mantener a sus tropas al otro lado de las montañas, aisladas de Tunja y de la capital. En lugar de avanzar de inmediato, decidió esperar mientras recibía mensajes alarmantes y contradictorios sobre los planes de Bolívar de reunirse con Páez en Pidekueste. También ordenó concentrar a sus fuerzas, que antes habían quedado distribuidas en distintos puntos.
El 5 de julio recibió noticias de que 500 cabezas de ganado habían sido llevadas de Paia a Pisba, y al día siguiente supo que el ejército enemigo avanzaba por el pantano hacia Pisba y Socota. Cuando Bolívar llegó a Socha el 6 de julio, su ejército estaba debilitado y vulnerable. Barreiro optó entonces por permanecer en posiciones anteriores y reunir sus tropas, ya que algunas se habían retrasado. Esta actitud descontentó al virrey Sámano, que decidió separarlo del mando y sustituirlo por el coronel Sebastián de la Calzada, comandante del batallón «Aragón Europeo», encargado de la defensa de Santa Fe.
Barreiro rechazó la orden de relevo porque consideró que dañaría su honor como oficial y respondió al virrey que solo el general Pablo Morillo tenía autoridad para destituirlo. Cuando Sebastián de la Calzada llegó a Tunja, Barreiro le ordenó regresar a Santa Fe. El 8 de julio, al amanecer, movió su ejército hacia Sogamoso. En los días siguientes se produjeron choques con las fuerzas patriotas cerca de Corrales y Gámeza, y el 11 de julio tuvo lugar una batalla importante en esta última zona, con la captura de muchos patriotas. Barreiro informó al virrey de esas victorias y ordenó ejecutar a los prisioneros por arma blanca para ahorrar munición. Más tarde, ante la imposibilidad de un ataque frontal sobre Sogamoso hasta recuperar plenamente la fuerza de su ejército, decidió emprender maniobras de flanqueo por el valle de Senisa.
La batalla del Pantano de Vargas
El 20 de julio, Barreiro recibió noticia del avance del ejército patriota. Tras retirarse de la zona de Sogamoso y ocupar la ciudad de Paipa, el 25 de julio recibió informes de reconocimiento sobre las dificultades del ejército patriota para cruzar el río Chicamocha, cerca de Puente de Balsa. Los patriotas intentaron avanzar hacia Paipa, y Barreiro se desplazó al área del Pantano de Vargas con 1.800 soldados, situando sus fuerzas en el cruce principal de caminos. Estableció su cuartel general en la Casa de las Seis Ventanas para observar la acción y dar órdenes.
Ese mismo día, al mediodía, las tropas patriotas llegaron y se entabló de inmediato la batalla conocida como del Pantano de Vargas. Realistas y patriotas combatieron durante cinco horas; los patriotas intentaron desalojar a los españoles de las colinas y del camino. Hacia las 17:00, los patriotas comenzaron a retirarse. Entonces Barreiro ordenó un ataque frontal con una maniobra de caballería de flanqueo para asestar el golpe final, mientras el ejército patriota ordenaba el último ataque de su caballería e infantería de reserva. El coronel Juan José Rondón encabezó una carga con 14 dragones y otras unidades sobre el cerro del Cangrejo, expulsando a la infantería española y a los húsares de Fernando VII. Al mismo tiempo, la vanguardia de Santander y la Legión Británica, al mando del coronel James Rooke, atacaron el cerro del Picacho y expulsaron también a las tropas españolas.
A las 18:00 comenzó una fuerte lluvia tropical, que puso fin a la batalla. Barreiro aprovechó la lluvia para reorganizar sus fuerzas y se retiró hacia Paipa, cubierto por el batallón de infantería Tambo. El ejército patriota regresó al río Chicamocha. La batalla fue sangrienta y terminó con una victoria patriota indecisa, con fuertes pérdidas en ambos bandos. Barreiro informó al virrey de una gran victoria, aunque señaló que la lluvia impidió la destrucción efectiva de las fuerzas patriotas y comunicó, además, la escasez de suministros, solicitando tres cañones como refuerzo.
Captura y ejecución en Santa Fe
Tras la derrota de las fuerzas realistas en la guerra de independencia de las colonias españolas en América, José María Barreiro Manjón fue hecho prisionero junto con otros oficiales. Los acontecimientos se desarrollaron después de una serie de maniobras rápidas entre los días 3 y 7 de agosto de 1819. El ejército de Simón Bolívar, que había quedado incapacitado tras la batalla de Vargas, reanudó sus movimientos el 3 de agosto. Ese día Bolívar llamó a voluntarios locales y ejecutó un cambio de posición que llevó a sus tropas a cruzar de nuevo el río y tomar una ruta alternativa hacia Tunja por el camino de Toca. Barreiro tuvo noticia de ese movimiento el 5 de agosto y avanzó con rapidez por el Camino Real hacia Tunja, donde recibió municiones, piezas de artillería y refuerzos. Su tercera división contaba con 2.670 soldados.
Bolívar capturó Tunja el 5 de agosto, mientras Barreiro ordenaba una marcha nocturna hacia el noroeste, rodeando la ciudad por caminos montañosos considerados intransitables en época de lluvias. La marcha comenzó en Cómbita a la 1 de la madrugada del 6 de agosto y continuó hasta Motavita, donde el ejército permaneció durante la noche. La posición de Motavita tenía importancia estratégica para la observación de Tunja, y los exploradores patriotas informaron a Bolívar de los movimientos de Barreiro. El 7 de agosto, Barreiro dividió sus fuerzas al amanecer y dejó una vanguardia para custodiar un puente, mientras el resto del ejército seguía de cerca. Alrededor de las 2 de la tarde, las fuerzas republicanas interceptaron a los realistas. Los patriotas, unos 2.850 soldados, sorprendieron y dividieron a los 2.670 realistas. El coronel Francisco Jiménez quedó inmovilizado en el puente de Santander, y Barreiro resistió un ataque frontal del general Anzoátegui. La infantería realista combatió durante dos horas, pero la compañía de granaderos de caballería huyó del campo de batalla. Las tres piezas de artillería de Barreiro resultaron ineficaces; solo una llegó a disparar tres veces antes de que se rompiera su cureña. Incapaz de mantener el orden, Barreiro vio cómo sus tropas eran deshechas por el ataque combinado de infantería y caballería patriotas. Hubo 66 patriotas muertos, 250 realistas muertos o heridos y unos 1.600 soldados realistas capturados. Barreiro fue tomado prisionero.
Después de la derrota, el virrey Sámano y otros funcionarios realistas se retiraron de la capital a Cartagena. El ejército patriota entró triunfalmente en Santa Fe el 11 de agosto, y ese mismo día Barreiro y los oficiales capturados quedaron presos. Más adelante, Bolívar envió una carta a Sámano proponiendo un intercambio de prisioneros. Sin embargo, persistían sentimientos realistas en distintas zonas de Nueva Granada, y los españoles conservaban el control de la costa caribeña, con Sámano en Cartagena, así como del sur del territorio, en Popayán y Pasto. José María Barreiro Manjón fue finalmente ejecutado por fusilamiento en la plaza principal de Santa Fe el 11 de octubre de 1819, junto con otros 37 oficiales realistas, por orden del vicepresidente Francisco de Paula Santander.
Ejecución y sepultura
José María Barreiro Manjón fue ejecutado en primer lugar durante el suceso. Sus últimas palabras fueron «¡Viva España!». Después, su cuerpo y el de otros 37 oficiales ejecutados fueron enterrados en una fosa común situada en un lugar sagrado de las afueras occidentales de la ciudad.
