Rufino José Cuervo Urisarri

Retrato clásico de Rufino José Cuervo, lingüista colombiano
Retrato clásico de Rufino José Cuervo, lingüista colombiano

Rufino José Cuervo Urisarri nació en Bogotá el 19 de septiembre de 1844 y murió en París el 17 de julio de 1911. Fue un filólogo, lexicógrafo, humanista y erudito colombiano. Se le atribuye la iniciativa del Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana y desarrolló un estudio lexicográfico centrado en rastrear el origen y la modificación de las palabras del español. Hijo de María Francisca Urisarri Tordecillas y del doctor Rufino Cuervo Barreto, fue el menor de siete hermanos; tres de ellos murieron durante la infancia y la juventud. Fue bautizado por el arzobispo de Bogotá, Manuel José Mosquera. Pasó su niñez en la casa familiar del barrio de La Catedral, en la actual localidad de La Candelaria. Recibió su primera educación de su padre, con formación inicial en geografía y gramática, y luego estudió en el Liceo de Familia y en el Colegio Mayor de San Bartolomé.

Trabajo lexicográfico y estudios del español

Rufino José Cuervo Urisarri, nacido en Bogotá el 19 de septiembre de 1844 y fallecido en París el 17 de julio de 1911, fue un filólogo, lexicógrafo, humanista y erudito colombiano. Inició el Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana, una de sus empresas más conocidas. Además, llevó a cabo un estudio lexicográfico en el que siguió el origen y las modificaciones de las palabras españolas, con especial atención a su evolución. Su labor se centró en el análisis riguroso de la lengua castellana desde una perspectiva histórica y normativa.

Infancia, formación y primeros estudios

Rufino José Cuervo Urisarri fue hijo de María Francisca Urisarri Tordecillas y del doctor Rufino Cuervo Barreto, descendiente de criollos de primera generación, comerciante, burócrata, político, abogado, periodista y vicepresidente de la República bajo el general Tomás Cipriano de Mosquera. Fue el menor de siete hermanos; tres de ellos murieron en la infancia y en la juventud. Su bautizo fue oficiado por el arzobispo de Bogotá, Manuel José Mosquera.

Pasó su niñez en la casa familiar situada en el barrio de La Catedral, en la actual localidad de La Candelaria. Recibió sus primeras enseñanzas directamente de su padre, debido al desorden en la educación tras la expulsión de los jesuitas en 1850. En esa formación inicial aprendió geografía y gramática, materias que influyeron más tarde en sus estudios lingüísticos. Su padre murió en 1853.

Después ingresó al Liceo de Familia, dirigido por su hermano mayor Antonio Basilio. Entre sus maestros figuran Pedro Fernández Madrid y el expresidente José Ignacio de Márquez, quien separó a Cuervo y a Miguel Antonio Caro para darles lecciones especiales de latín y castellano. En 1860 estudió con Santiago Pérez, quien introducía en Colombia las enseñanzas gramaticales de Andrés Bello. En 1861 se matriculó en el Colegio Mayor de San Bartolomé para estudiar lógica, pero su permanencia fue breve por la expulsión de los jesuitas. La inestabilidad política y social del país impidió que recibiera una educación continua, coherente y metódica; con todas las escuelas cerradas en 1861, su formación quedó interrumpida definitivamente a los 17 años.

Gramática latina y estudios sobre el lenguaje bogotano

Rufino José Cuervo Urisarri dedicó una parte importante de su labor intelectual al estudio de la lengua, tanto en su vertiente latina como en el análisis del español de Bogotá. Junto con Miguel Antonio Caro escribió el texto original de la Gramática de la lengua latina para hablantes de español. Según Fernando Antonio Martínez, la Gramática latina de Caro y Cuervo utilizó métodos comparativos entre el español y el latín, con ejemplos tomados de escritores destacados. La Real Academia Española la consideró una obra maestra y la mejor de su género escrita en español. Dentro de esa obra, Cuervo se encargó de la parte de la analogía, que Martínez calificó como un análisis sagaz, mientras que Caro trató la sintaxis, descrita como una síntesis completa.

En paralelo, Cuervo fue consolidando su trabajo filológico sobre el lenguaje bogotano. Publicó Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano entre 1867 y 1872, obra destinada a señalar errores frecuentes del habla y de la escritura, así como impropiedades y expresiones defectuosas. Él mismo afirmaba que el buen hablar era un signo claro de personas cultas y bien nacidas, y además una condición esencial para el uso del talento. Sus correcciones se apoyaban en numerosas citas clásicas, etimologías y referencias a otras lenguas. Malcolm Deas señala que ese trabajo estaba dirigido también a quienes no disponían de tiempo o recursos para estudios profundos. Nicolás Bayona Posada sostuvo que su propósito era hacer patria conservando la lengua.

Cuervo también reunió observaciones sobre las particularidades del habla bogotana durante visitas frecuentes a tabernas y posadas, y amplió sus estudios mediante la comparación con avances europeos en lingüística, filología y bibliografía. Su libro atrajo la atención de lingüistas y se difundió rápidamente por los países de habla española, al punto de convertirlo en una de las mayores autoridades sobre la lengua. Más tarde publicó Muestra de un diccionario de la lengua castellana en 1872, obra que incluía argumentos lingüísticos sobre diversas lenguas antiguas y modernas, entre ellas el armenio, el celta, el danés, el flamenco, el griego, el latín, el lituano, el ruso, el sueco y el sánscrito, además de lenguas romances como el francés, el italiano, el portugués, el provenzal y el español. También se refirió al euskera y a las lenguas semíticas, árabe y hebreo. En 1878 ingresó en la Real Academia Española como miembro honorario y correspondiente por Colombia, y también fue miembro honorario y correspondiente de la Academia Mexicana de la Lengua.

Viajes por Europa y búsqueda de fuentes

Después de trabajar de manera continua durante seis años, en 1878 suspendió su labor para viajar a Europa con su hermano Ángel. Durante esa estancia visitó la Exposición de París y estudió varias cervecerías junto con él. También estableció contacto con los filólogos europeos Pott, Ribbeck y Teubner, y reunió publicaciones contemporáneas. Al regresar a Bogotá en 1879, él y sus hermanos llegaron a la convicción de que solo París ofrecía las condiciones necesarias para terminar la obra. En esa ciudad halló bibliotecas con primeras ediciones y colecciones de manuscritos, y consultó sin demora a personas eruditas. Más tarde, en 1882, sus hermanos Cuervo cedieron la cervecería y viajaron a París; desde allí, él y sus hermanos recorrieron Europa y llegaron a Tierra Santa, Egipto y Arabia.

Estudios lingüísticos y obra lexicográfica

Rufino José Cuervo Urisarri estudió lenguas, trabó amistad con gramáticos y reunió colecciones literarias en diversas regiones. A partir de esa experiencia orientó su trabajo hacia la construcción y el régimen de la lengua castellana, campo que eligió como objeto principal de estudio. Empezó su labor diaria al amanecer y la concentró en el Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana, del que publicó el primer volumen en 1886 y el segundo en 1893.

En el segundo volumen simplificó la ordenación y la redacción. En el conjunto de la obra estableció los sentidos correctos de las palabras según el contexto, investigó la etimología y justificó el uso de los vocablos con numerosos ejemplos. También analizó las palabras de manera individual o como parte de modismos, señaló las variaciones de uso a lo largo del tiempo y fijó científicamente las relaciones entre los términos, corrigiendo construcciones erróneas con razones válidas. Además, comparó las construcciones del español con las de otras lenguas.

Su método incorporó una doble consideración de la lexicografía, basada en la selección restringida del vocabulario y en su función y valor sintácticos. Asimismo, enmarcó las particularidades de la construcción y el régimen dentro de la sintaxis e introdujo la dimensión histórica en los problemas lexicográficos. Incluyó también una lista manuscrita de palabras que empezaban por la letra C. La experiencia adquirida en estas investigaciones la aplicó luego a estudios sobre la lengua materna.

Relación con Andrés Bello

Entre las obras de Rufino José Cuervo Urisarri, las «Notas a la Gramática Castellana» de Andrés Bello figuran como una de las más interesantes desde el punto de vista ideológico. La biografía señala que Bello fue el primero en estudiar las características de la lengua española, mientras que Cuervo llevó ese estudio desde la anatomía y la fisiología hacia la psicología. Por ello, se le considera el complemento de Andrés Bello en los estudios lingüísticos y el continuador directo de su obra. En ese marco, Eugenio de Bustos Tovar afirmó que la «Gramática Latina» corresponde a la «Gramática Castellana» de Bello, y se destaca además que las «Notas a la Gramática Castellana» de Cuervo son inseparables de la obra de Andrés Bello.

Últimos años y legado documental

En sus últimos años, Rufino José Cuervo Urisarri mostró un extremo cuidado al evaluar los documentos que utilizaba para fundamentar sus conclusiones. La elaboración de su diccionario fue lenta, y ese ritmo se vio aún más afectado por sus dificultades de salud, la soledad y el aislamiento. La muerte de su hermano en 1896 agravó un proceso ya marcado por el desgaste físico: Cuervo envejeció prematuramente y llegó a poder trabajar solo durante unos minutos seguidos, por lo que debía interrumpir frecuentemente su labor.

En 1905 redactó su testamento. Biográficamente, también se señala que parecía haber abandonado los estudios para dedicarse a la lectura de obras religiosas. Al organizar sus disposiciones finales, dejó su biblioteca, sus documentos y sus manuscritos a la Biblioteca Nacional de Colombia. Allí también se conservan su máscara mortuoria y los libros de contabilidad de su diccionario. Además, distribuyó sus bienes personales y sus ingresos entre familiares y personas cercanas. Según la biografía, al morir llevaba puesto únicamente un saco especial reservado para ocasiones especiales. Sus restos reposan en el sector 90 del Cementerio del Père-Lachaise.

Características de su obra

La obra de Rufino José Cuervo Urisarri se sitúa dentro del pensamiento lingüístico dominante de su época y refleja con claridad su pensamiento científico como investigador. Para Cuervo, la lengua era un mecanismo en transformación constante, sometido a los cambios del tiempo y de la sociedad. Por ello, consideraba que podía modificarse hasta llegar a convertirse en otra lengua y que no era idéntica en distintos momentos ni en diferentes espacios. Definía la lengua como un conjunto de hechos que debían explicarse históricamente.

En esta perspectiva, atribuía un papel importante a factores como el clima, los ámbitos profesionales y la naturaleza, que favorecían asociaciones nuevas de ideas. También señalaba como agentes principales del cambio lingüístico la evolución fonética y la analogía, y entendía que la alteración se producía en la forma material de las palabras y en su construcción. Además, observaba que las palabras se agrupan según su significado o su forma. Todos estos elementos sustentaban su tesis sobre la fragmentación del español en América.

Su obra se vincula asimismo con principios lingüísticos del siglo XIX, como el historicismo, el radicalismo y el positivismo, así como con la idea de ajuste a la realidad y a los hechos puros. Cuervo empleó un método positivista y valoró la historia como un instrumento fecundo. Los estudios gramaticales descriptivos le ayudaron a explorar y determinar las variaciones de la lengua a lo largo del tiempo. El concepto histórico domina toda su producción y lo aplicó con rigor en dos de sus escritos.

Características de su obra

La obra de Rufino José Cuervo Urisarri se distinguió por una atención constante a los problemas del español de América, en especial la corrección idiomática. En sus escritos, como "Disquisiciones sobre la antigua ortografía y pronunciación castellanas" y "Los casos enclíticos y proclíticos del pronombre de tercera persona en castellano", afirmó un principio metódico según el cual el uso lingüístico es anterior y superior a la gramática. También vinculó el lenguaje con la idea de un ser vivo en mutación continua, y subrayó la importancia del estudio histórico para comprenderlo de manera auténtica.

En esta línea, desarrolló la "Gramática latina" sobre el principio descriptivo utilizado por Bello en la "Castellana", e incorporó conceptos de comparativismo lingüístico introducidos por Bopp. Asimismo, buscó demostrar el valor documental secundario, pero significativo, del latín para la pureza de la lengua castellana. Estas preocupaciones reaparecieron en las "Notas a la gramática castellana", donde integró innovaciones del comparativismo y del positivismo.

Su aportación mayor fue el "Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana", en el que organizó el vocabulario según criterios semánticos, aplicados por primera vez al castellano. Esta obra principal quedó interrumpida después de la publicación del segundo volumen.

Legado póstumo y conmemoraciones

El 25 de agosto de 1942, el Ministerio de Educación de Colombia conmemoró el legado de Rufino José Cuervo Urisarri con la creación del Instituto Caro y Cuervo, cuyo objetivo fue continuar el Diccionario de construcción y régimen. La obra avanzó de manera sostenida y en 1994 se publicó el octavo volumen del diccionario. Además, se han realizado compilaciones de sus estudios lingüísticos y literarios, así como de su correspondencia, lo que ha permitido conservar y ordenar parte de su producción intelectual.

Entre 2011 y comienzos de 2012 se desarrollaron actividades para recordar el centenario de su muerte. En el II Festival de la Palabra del Instituto Caro y Cuervo hubo una intervención inaugural de Fernando Vallejo, quien leyó el texto En el centenario de la muerte de Rufino José Cuervo. Durante ese mismo festival se lanzó la campaña Yo me llamo Rufino José y, por parte de Bogotá Beer Company, el juego Cuervolario, tomado del libro El Cuervo Blanco. También se publicó Rufino José Cuervo: una biografía léxica, de Idartes, y se ofreció una beca de investigación para la revisión editorial y la crítica de la memoria bibliográfica del Instituto Caro y Cuervo. Como parte de esa convocatoria se publicó Correspondencia y formación de redes intelectuales: los epistolarios de Rufino José Cuervo, 1865 y 1882.

Ese mismo año, el Coloquio Internacional Rufino José Cuervo se celebró en París los días 20 y 21 de julio, y la Biblioteca Nacional acogió la exposición Viaje al Fondo de Cuervo, dedicada al fondo que lleva su nombre.