Marta Rodríguez

Marta Rodríguez at a film event in 2013
Marta Rodríguez at a film event in 2013

Marta Rodríguez nació el 1 de diciembre de 1933 en Bogotá, Colombia. Hija menor de una madre viuda de cuatro hijos, creció en un entorno marcado por las dificultades: su madre, procedente de un pueblo pobre, trabajaba como maestra en una escuela rural. Su padre, un exitoso exportador de café, murió inesperadamente cuando ella aún estaba en el vientre materno. En 1953, su madre vendió una finca familiar y llevó a sus hijos a España para que todos pudieran estudiar allí.

En 1957 viajó a París, donde conoció al sacerdote Antonio Hortelano y obtuvo empleo en la prisión de mujeres de La Roquette, donde colaboró con trabajadores españoles itinerantes. Regresó a Bogotá en 1958 y conoció a Jorge Silva en un pequeño cineclub. Se casó con él y Silva fue codirector en muchos de sus proyectos. Entre sus películas más destacadas figuran Chircales (1972), Campesinos (1975) y Nuestra voz de tierra, memoria y futuro (1982). Su trabajo se distingue por retratar las experiencias de la clase trabajadora colombiana.

Cine documental y colaboración con Jorge Silva

Marta Rodríguez fue una prolífica cineasta documental, productora, directora y escritora colombiana. Estuvo casada con Jorge Silva, quien actuó como codirector en muchos de sus proyectos. Entre sus obras más destacadas figuran "Chircales" (1972), "Campesinos" (1975) y "Nuestra voz de tierra, memoria y futuro" (1982). Su trabajo se centró en la vida y las experiencias de la clase trabajadora de Colombia. Por ello, es considerada una pionera del cine documental antropológico en América Latina.

Infancia y traslado a España

Marta Rodríguez nació el 1 de diciembre de 1933 en Bogotá, Colombia. Fue la hija menor de una madre viuda con cuatro hijos. Su madre procedía de un pueblo pobre y trabajaba como maestra en una escuela rural. Su padre, un próspero exportador de café, murió de forma inesperada cuando Marta aún estaba en el vientre materno. En 1953, la madre vendió una finca familiar y se llevó a la familia a España para que todos sus hijos pudieran estudiar allí.

Etapa de formación y regreso a Colombia

En 1957, Marta Rodríguez viajó a París, donde conoció al sacerdote Antonio Hortelano. Gracias a él consiguió empleo en la prisión femenina de La Roquette, donde colaboró con Hortelano en la atención a trabajadores itinerantes españoles. Al año siguiente regresó a Bogotá, donde conoció a Jorge Silva en un pequeño cineclub. Silva sería su futuro esposo y el director de fotografía de todas sus películas.

Ya en Colombia, ingresó en la Universidad Nacional de Colombia y estudió sociología con Camilo Torres, cuya influencia fue decisiva en la formación de sus ideas sociales y políticas. En 1961 volvió a París para inscribirse en un programa de estudios del Museo del Hombre. Entre 1962 y 1964 tomó clases de cine etnográfico con Jean Rouch. Tras regresar a Colombia en 1965, se dedicó al cine. Desde entonces, Jorge Silva fue su colaborador y director de fotografía, y permaneció como su compañero hasta la muerte de él en 1987.

Trayectoria cinematográfica de Marta Rodríguez

A lo largo de cinco décadas, Marta Rodríguez desarrolló una amplia actividad en el cine. Dirigió más de dieciocho películas, escribió diez guiones y produjo cuatro filmes. Su trayectoria se extendió durante un periodo prolongado, en el que combinó distintos roles dentro de la realización cinematográfica.

Cine militante y documental social

Los documentales de Marta Rodríguez se centraron en las condiciones de vida y de trabajo de la clase trabajadora de menor nivel socioeconómico en Colombia, con especial atención a los pueblos indígenas y originarios. Sus películas suelen requerir varios años de realización debido a los presupuestos limitados y a la investigación y el análisis antropológicos que las sustentan. Además, buscó que los documentales regresaran a las comunidades retratadas para propiciar el debate, la reflexión y la transformación de sus vidas.

Durante los años sesenta y setenta vivió una etapa de cine militante, marcada por documentales de fuerte contenido político y social. Más tarde, ella y Jorge Silva consideraron que ese género había perdido fuerza expresiva en los años ochenta y evolucionaron hacia una ficción documentalizada con dimensión mítica, interpretada por actores. Tras la muerte de Silva en 1987, Rodríguez continuó activa como directora, con un trabajo especialmente centrado en comunidades indígenas de Colombia.

Desde 2019 también se ha enfocado en materiales de archivo y ha producido documentales basados en investigaciones realizadas en la década de 1970. Entre sus obras destaca Chircales, documental sobre una familia de albañiles de Bogotá filmado durante seis años, entre 1966 y 1972. La película pone de relieve las experiencias religiosas, sociales y políticas de la familia Castañeda para denunciar la explotación de la clase baja y su posición social. Chircales se proyectó en numerosos festivales internacionales y recibió premios como la Paloma de Oro al Mejor Film en el Festival Internacional de Cine de Leipzig y el Premio FIPRESCI al Mejor Film.

Documentales sobre comunidades indígenas y trabajo femenino

Marta Rodríguez dirigió, junto con Jorge Silva, varios documentales centrados en conflictos sociales y culturales en Colombia. En 1975 realizó «Campesinos», una obra sobre el movimiento de campesinos indígenas colombianos a comienzos de la década de 1970, que documenta las injusticias sufridas por los trabajadores campesinos en las fincas cafetaleras debido a sus identidades culturales indígenas. Más tarde, en 1982, dirigió «Nuestra voz de tierra, memoria y futuro», un documental dedicado a la comunidad indígena coconuco de Colombia. La película se centra en su lucha por mantener su cultura y su territorio frente a la civilización desarrollada, y destaca mitos, leyendas y tradiciones coconuco amenazados por la modernización. En 1988 codirigió «Amor, mujeres y flores», sobre las duras condiciones de trabajo de las mujeres en la industria floricultora colombiana y los efectos nocivos de la exposición a pesticidas, que causaban problemas de salud entre las trabajadoras. Esta última producción contó con apoyo financiero de la Fundación Interamericana y del Canal Cuatro Británico, y dio lugar a una gira por Alemania con una campaña contra los pesticidas y empresas químicas como Bayer.

Filmografía documental

La filmografía de Marta Rodríguez incluye una serie de documentales estrenados a lo largo de más de dos décadas. En 1971 presentó «Planas: testimonio de un etnocidio», seguida en 1972 por «Chircales». Más tarde estrenó «Campesinos» en 1975 y, ya en la década de 1980, «La voz de los sobrevivientes» en 1981 y «Nuestra voz de tierra, memoria y futuro» en 1982. Su trabajo continuó con «Nacer de nuevo» en 1987 y «Amor, mujeres y flores» en 1988. La lista se completa con «Memoria viva», publicada en 1992. Estos títulos muestran una producción sostenida entre 1971 y 1992.

Filmografía documental

Entre 1998 y 2022, Marta Rodríguez estrenó una serie de documentales que reflejan distintas etapas de su filmografía. En 1998 presentó «Amapola, flor maldita», seguida en 1999 por «Los hijos del trueno». Más adelante estrenó «Nunca más» en 2001 y «La hoja sagrada» en 2002. En 2004 apareció «Una casa sola se vence», y en 2006 «Soraya: amor no es olvido». Su producción continuó con «Testigos de un etnocidio» en 2009 y «No hay dolor ajeno» en 2012. Posteriormente, en 2015 lanzó «La Toma del Milenio», y en 2019 «La sinfónica de los Andes». Su obra más reciente en este periodo fue «Camilo Torres Restrepo, El Amor Eficaz», estrenada en 2022.