Gonzalo Arango Arias nació en Andes, Antioquia, el 18 de enero de 1931. Fue el menor de doce hijos de Francisco Arango, telegrafista del pueblo, y Magdalena Arias, ama de casa. Creció en un país marcado por la violencia bipartidista durante su adolescencia. Como escritor, poeta, periodista, prosista y dramaturgo, desarrolló una obra vinculada a la renovación literaria y cultural. En 1958 fundó el nadaísmo, un movimiento artístico y literario de vanguardia con impacto nacional y continental, influido por el surrealismo, el dadaísmo, el existencialismo francés y la generación Beat. El nadaísmo buscó romper con la literatura, la cultura, las costumbres y la moral tradicionales. Arango impulsó a jóvenes artistas y escritores de Antioquia y participó, junto con nadaístas antioqueños, en la difusión de noticias internacionales y de la vanguardia artística. Su actividad crítica apareció principalmente en la revista Cromos y contribuyó a la modernización de la literatura colombiana. Su vida osciló entre un ateísmo claro y una intimidad religiosa espiritual. Murió en un accidente automovilístico en Gachancipá, Colombia, en 1976, a los 45 años.
- ¿Cómo fundó Gonzalo Arango el nadaísmo y qué papel tuvo en la renovación literaria colombiana?
- ¿Cómo fueron la infancia, la formación y los primeros intereses literarios de Gonzalo Arango?
- ¿Cómo se vinculó Gonzalo Arango con el gobierno de Gustavo Rojas Pinilla?
- ¿Cómo surgió el nadaísmo y qué episodios marcaron la etapa de Gonzalo Arango en Medellín?
- ¿Qué papel tienen los manifiestos nadaístas en «Prosas para leer en la silla eléctrica»?
- ¿Cómo cambiaron las posiciones de Gonzalo Arango en sus últimos años y cómo fue valorada su obra?
- ¿Cómo fue la actividad periodística y la evolución espiritual de Gonzalo Arango en esos años?
Fundación del nadaísmo y actividad crítica
En 1958, Gonzalo Arango Arias fundó el nadaísmo, un movimiento artístico y literario de vanguardia con alcance nacional y continental. Su propuesta recibió la influencia del surrealismo, del dadaísmo, del existencialismo francés y de la Generación Beat, y buscó romper con la literatura, la cultura, las costumbres y la moral tradicionales. Desde Antioquia, inspiró a jóvenes artistas y escritores, influenciados a su vez por Fernando González Ochoa, y participó con otros nadaístas antioqueños en la difusión de noticias internacionales y de la vanguardia artística.
Arango mostró interés por la modernidad y por la renovación de las tradiciones literarias, culturales y críticas. En la música norteamericana y caribeña de los años sesenta encontró un vocabulario renovado, humor agudo, ironía penetrante y escenarios urbanos. Su actividad crítica apareció sobre todo en la revista Cromos, y contribuyó a la transformación y modernización de la literatura colombiana.
Su trayectoria personal estuvo marcada por contrastes, desde un ateísmo claro hasta una intimidad religiosa de carácter espiritual. Expresó su espíritu crítico frente a la sociedad en el Primer manifiesto nadaísta, publicado en 1958, y en Prosas para leer en la silla eléctrica, de 1965. En su etapa final adoptó una orientación mística durante su estancia en la isla de Providencia.
Formación y primeros intereses literarios
Gonzalo Arango fue el menor de doce hijos de Francisco Arango y Magdalena Arias. Su padre trabajaba como telegrafista del pueblo y su madre era ama de casa. Creció en un país marcado por la violencia bipartidista durante su adolescencia, en un contexto en el que la Iglesia católica dominaba la educación en Colombia tras la Constitución de 1886, con autoridad política, cultural y social, además de controlar la revisión y censura de materiales educativos e intelectuales. En 1929, el arzobispo de Medellín prohibió la lectura de "Viaje a pie", de Fernando González Ochoa, bajo pena de pecado mortal.
En ese ambiente, Arango desarrolló un fuerte deseo de conocimiento y libertad, con inclinación por la reflexión personal y un espíritu rebelde. Le interesaban la lectura y la escritura, y sentía un profundo amor por el país. En 1949 inició estudios de derecho en la Universidad de Antioquia, pero abandonó la formación formal para dedicarse por completo a la literatura. Creía en el poder de las palabras para cambiar el mundo y comenzó su labor literaria con la primera novela titulada "Después del hombre". Cuando su padre lo visitó, desaprobó la escritura de novelas del joven poeta.
Apoyo al gobierno de Gustavo Rojas Pinilla
El 13 de junio de 1953, el general Gustavo Rojas Pinilla dio un golpe de Estado contra el presidente Laureano Gómez. La asamblea que sustituyó al Congreso aprobó a Rojas Pinilla y le otorgó el título de presidente. En los tres meses siguientes, los liberales firmaron un armisticio y, para muchos, el golpe fue visto como una salida a las crisis políticas del país. El 3 de agosto de 1954, la Asamblea Constituyente lo reelegió como presidente hasta 1958. Esta asamblea estaba compuesta en su mayoría por conservadores encabezados por Mariano Ospina Pérez. Rojas Pinilla propuso una opción alejada del bipartidismo conservador-liberal tradicional e impulsó procesos de paz y la limitación de la actividad de políticos corruptos.
En ese contexto, el joven Arango apoyó el gobierno de Gustavo Rojas Pinilla y se integró al Movimiento Amplio Nacional (MAN) junto con artistas y jóvenes intelectuales que respaldaban al gobierno. Al mismo tiempo, se dedicó a la escritura y al periodismo, con reportajes en la revista Cromos. Más tarde, liberales y conservadores se unieron para oponerse a Rojas Pinilla y provocaron su caída el 10 de mayo de 1957, tras lo cual el general se exilió en España.
El nadaísmo y la agitación en Medellín
En Medellín, Gonzalo Arango cultivó amistades con el abogado Alberto Aguirre, el actor de teatro español Fausto Cabrera, el médico Héctor Abad Gómez y el escritor y filósofo Fernando González Ochoa. Más tarde, ante la persecución de grupos que lo buscaban en Medellín, se refugió en Chocó. En ese mismo período, Arango se consolidó como el iniciador e inspirador del nadaísmo, un movimiento que constituyó una revolución literaria e intelectual en Colombia a mediados del siglo XX.
El nadaísmo reunió a jóvenes escritores con el propósito de crear una escuela literaria nacional y un movimiento de vanguardia. Entre los primeros nadaístas que acompañaron a Arango estuvieron Amílcar Osorio, Alberto Escobar Ángel, Eduardo Escobar, Humberto Navarro y Darío Lemos, procedentes de Antioquia. Con el tiempo, otros escritores de distintas regiones del país se sumaron al movimiento, que se extendió progresivamente a escala nacional y continental.
En el Primer manifiesto nadaísta de 1958, Arango formuló como objetivo no dejar una fe intacta ni un ídolo en su lugar. Los nadaístas expresaron su descontento con el orden social imperante, el bipartidismo político, las tradiciones antioqueñas, los valores mercantiles y productivos, el conservadurismo social, las costumbres burguesas, los efectos negativos de la religión, el matrimonio tradicional, la literatura comprometida y las revoluciones de masas con fines totalitarios. Se trató de un movimiento de artistas de pensamiento libre vinculados con la poesía, la pintura, el periodismo, la cultura y las artes.
El grupo rechazó las estéticas marxistas obligatorias y las directrices partidistas leninistas, y defendió la libertad de la imaginación artística y la libertad poética inspiradas en el surrealismo. También se distanció del realismo socialista y se mostró más cercano a Albert Camus que al militante Mao Zedong Sartre. El primer manifiesto nadaísta se publicó en Medellín en 1958. Ese mismo impulso provocó un escándalo en la Plazuela de San Ignacio, donde los primeros nadaístas quemaron literatura colombiana, incluida la novela de Arango, Después del hombre. En 1959 sabotearon además el Primer Congreso de Intelectuales Católicos. Ese año, Arango fue detenido y llevado a la cárcel de La Ladera; el abogado y amigo Alberto Aguirre lo defendió, y Fernando González Ochoa lo visitó en prisión. Más adelante, en Prosas para leer en la silla eléctrica, Arango reunió memoria, ficción, cuentos y perfiles, y abordó el milagro y el misterio, anticipando la cercanía entre la nueva poesía y la ciencia.
Manifiestos nadaístas en «Prosas para leer en la silla eléctrica»
En «Prosas para leer en la silla eléctrica» se incluyen varios manifiestos nadaístas, entre ellos el Manifiesto Poético, el Terrible Manifiesto Nadaísta 13 y el Manifiesto Nadaísta al Homo sapiens. La biografía destaca estos textos junto con otros escritos diversos y analíticos del libro, como diatribas singulares y una conversación poética e íntima con Medellín. Dentro del volumen, el Manifiesto 13 y el Manifiesto Poético son considerados textos esenciales.
El Manifiesto 13 se presenta como una afirmación audaz de los logros intelectuales, distinta de los éxitos tradicionales. Según la biografía, contiene un humor de gran calidad, reclama independencia frente a los dioses y rechaza tradiciones, santos y héroes, adoptando una postura intelectual y digna. También se describe como un manifiesto-camino que delimita credos e incredulidades.
Por su parte, el Manifiesto Poético aparece como un texto singular que explora las contradicciones entre la ciencia y el misterio. La biografía señala que incluye un gran humor y provoca a menudo la risa. Además, observa el descenso del prestigio del cielo y la ausencia de dioses más allá, mientras el poeta escribe como un ateo sin remordimiento ni culpa. El texto anuncia también su papel futuro de unir la ciencia cósmica y la poesía en el canto, y es caracterizado como visionario, fresco y anticipatorio.
Giro ideológico y últimas etapas
En 1968, Gonzalo Arango escribió una exaltada alabanza al presidente Carlos Lleras Restrepo, gesto que provocó el rechazo de sus compañeros nadaístas. Dos años después, en 1970, anunció que abandonaría el nadaísmo, decisión que sus allegados interpretaron como una traición. Antes de ese viraje, había redactado diatribas y manifiestos importantes contra el catolicismo y sus escritores, y había declarado su ateísmo tanto en su correspondencia con Alberto Aguirre como en «Prosas».
A partir de 1971 inició una nueva etapa de escritura bajo la influencia de su última esposa, Angie María Hickie, descrita como una hippie trasplantada que a veces pintaba flores y cantaba. Eduardo Escobar observó en ese período fluctuaciones ideológicas en Gonzalo Arango por la influencia de su esposa inglesa, quien lo llevó hacia una posición religiosa y mística. Pese a esas oscilaciones, algunos escritores consideran que el nadaísmo sigue vivo entre jóvenes lectores y escritores inconformes.
Su obra abarcó diversos géneros, entre ellos la autobiografía, la crítica literaria, el ensayo, la poesía y el teatro, con coexistencia simultánea de varios de ellos en sus textos. Felipe Restrepo David describió su trabajo como una literatura de ideas y una narración del pensamiento, y consideró que su legado era importante, compuesto de metáforas y reflexiones.
Obra periodística y viraje espiritual
En 1972, Gonzalo Arango escribió el libro «Providencia», una obra que mezcla prosa e intentos poéticos y en la que expuso ideas breves y poco desarrolladas. En este periodo volvió, junto con Ángela Hickie, a la evocación de Dios y al misticismo, adoptando una postura completamente contraria a los primeros manifiestos ateos.
Paralelamente, mantuvo una intensa actividad en el periodismo y en las revistas. Participó de manera activa en varios periódicos, principalmente en «El Tiempo», «El Espectador» y «El Siglo», y colaboró con numerosas revistas nacionales. Entre 1963 y 1964 trabajó con «Nueva Prensa» y «Contrapunto».
Más adelante, entre 1966 y 1967, publicó en la revista «Cromos» numerosos reportajes y perfiles, entre ellos el destacado perfil «Homenaje a Breton». También publicó la revista «Nadaísmo 70» entre 1970 y 1971, y escribió para las revistas «Arco» y «Sábado», así como para «Corno Emplumado» de México y «Zona Franca» de Venezuela.
